© XAVIER RIBAS - Melilla Border Fence (2009) 24 Pigment prints size 71 x 89 cm. Ed of 3

 

 

 

 

[CAST]

«Pensábamos que la sociedad en red y el capitalismo informacional no tenían costuras, pero vemos, más que antes, esas crudas y crueles puntadas, donde los ricos y los pobres son brutalmente separados. Los muros de Ceuta, Palestina, Tijuana, demuestran que nuestro mundo no es una suave sociedad de redes corporativas, sino un espacio estriado de fortalezas, enclaves y cápsulas».

Lieven de Cauter, A Cyberpunk Landscape: Snapshots of the ‘Mad Max Phase of Globalization’ (Paisaje cyberpunk: Instantáneas de la 'Fase Mad Max de la globalización', 2008)

 

Ceuta y Melilla son dos de los territorios más controvertidos de Europa. Marcados por una historia específica de ocupación militar de más de cinco siglos, estos dos enclaves españoles en la costa mediterránea del Norte de África se encuentran desde 1993 protegidos por vallas fronterizas altamente militarizadas. Estas dos fronteras son como multifacéticas fallas geológicas [1], que definen a la vez una frontera colonial/nacional entre España y Marruecos, una frontera económica entre Europa y África, una frontera geopolítica entre Norte y Sur y una frontera religiosa entre cristianismo e islam [2]. Los dos territorios forman parte de lo que el arquitecto Teddy Cruz define como el ecuador político [3] que separa el núcleo funcional del capitalismo global del resto del mundo saturado de pobreza, conflictos armados y violencia política.

Los dos enclaves datan del siglo XV, cuando Ceuta en 1415 y Melilla en 1497 fueron arrebatados a Marruecos por Portugal y España (posteriormente Ceuta pasó a ser territorio español con la firma de un tratado con Portugal en 1668). Desde la descolonización de Marruecos por Francia y España en 1956 y la problemática entrega de los territorios del Sáhara bajo dominio español en 1975, la situación de ambos enclaves ha seguido siendo una cuestión colonial irresuelta. España argumenta que Ceuta y Melilla han formado parte del territorio español mucho antes de la creación del protectorado colonial. Marruecos, no obstante, señala que ambas ciudades están en el Norte de África y rodeadas por territorio marroquí. Esta disputa adquirió una relevancia aún mayor en 1986 cuando España entró en la Comunidad Económica Europea (más tarde Unión Europea), de manera que Ceuta y Melilla se convirtieron en los únicos territorios de la UE en el continente africano. Estas dos fronteras territoriales, que durante décadas han sido extremadamente fluidas y permeables, son en la actualidad para migrantes de África la manera de entrar en territorio de la UE sin cruzar el mar. El vallado de las dos ciudades españolas en 1993 fue una respuesta al creciente número de cruces de frontera no autorizados. A raíz de los asaltos masivos a las vallas de seguridad en septiembre de 2005, se instalaron segundas vallas y se aumentó su altura de tres a seis metros, con aspersores de gas lacrimógeno y cables de detección tridimensional en el espacio intermedio, cámaras de vigilancia y sensores de sonido, de movimiento y térmicos. Estas vallas tecnológicas pueden ser controladas por las patrullas fronterizas españolas desde una sala de vigilancia central, mientras que al otro lado de la frontera, y con financiación de la UE, el ejército marroquí ha establecido numerosos puestos de vigilancia y campamentos militares a la antigua usanza, como poniendo sitio a su propio país, para vigilar la aproximación desde el sur a fronteras que ni siquiera reconoce como legítimas, sino que considera como un residuo de imposiciones coloniales.

En su deseo de expandirse a nuevos territorios, y posteriormente de retirarse de ellos, Europa dejó un penoso legado colonial en numerosas regiones del mundo: con muy contadas excepciones, a los territorios antiguamente colonizados no les han ido muy bien las cosas. En los años ochenta, la globalización económica era considerada en general como el camino a seguir para reducir la brecha entre centro y periferia, eliminar la pobreza y conseguir una vida mejor para la mayoría de las personas y en todas partes. Pero, de nuevo, tales cosas no están sucediendo. En vez de disminuir, la pobreza aumenta y la brecha entre ricos y pobres se hace más profunda. Según Joseph Stiglitz, el fracaso de la globalización en cuanto al cumplimiento de aquellas expectativas es debido principalmente a los acuerdos comerciales internacionales de carácter desigual, inadecuado y antidemocrático (en realidad son más imposiciones que acuerdos) orquestados por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, que dan lugar a la circulación de enormes sumas de capital en una dirección y de obligaciones de deuda financiera en la dirección contraria [4]. Saskia Sassen escribió, ya en 1996, que «el contexto en el que los esfuerzos por frenar la inmigración adquieren su significado más nítido es la actual transnacionalización de flujos de capital, bienes, información y cultura» [5]. El fracaso de la globalización se manifiesta precisamente en estas actitudes asimétricas hacia la libre circulación de bienes y capitales y la libre circulación de personas. Las vallas de Ceuta y Melilla sugieren que la utopía de la aldea global, de un mundo perfecto basado en experiencias compartidas, derechos iguales y acceso igual a la sociedad del bienestar, ha dejado de ser posible. En su lugar, el enclave, el espacio cerrado y la valla emergen como los nuevos paradigmas de la arquitectura y el urbanismo del siglo XXI, un síntoma de que el proyecto capitalista moderno no ha funcionado tan bien como se anunciaba.

Este proyecto capitalista moderno se sustenta, en parte, en la expansión territorial del siglo XIX y los grandes proyectos de obras públicas asociados a ella. El legado fotográfico de este proceso es considerable, de manera que es posible trazar paralelos entre el nuevo paisaje que surge de esa expansión territorial y la representación fotográfica del territorio. A menudo las primeras fotografías de paisajes trataban tanto sobre una geografía específica como sobre las obras públicas construidas para atravesar el territorio. En esas fotografías, los puentes, carreteras, túneles y vías férreas representaban una idea de territorios en expansión, de movimiento, trayectorias y perspectivas cambiantes. Pero esas fotografías también trataban sobre las razones e inclinaciones para viajar, sobre los motivos implícitos al final del viaje: culturas exóticas, civilizaciones antiguas, recursos naturales, comercio, imperio... Eran una manifestación del deseo de abrir el territorio (llegar y que otros lleguen a ti), conectar lugares y acercarlos unos a otros. Las expediciones fotográficas del XIX eran iniciativas complejas basadas en la distancia y los encuentros con la misión de producir representaciones objetivas y obtener con ellas un conocimiento de importancia geológica, cultural o científica. En Europa, estos territorios eran los propios límites del continente, al Este y al Sur, y las colonias de ultramar. La mayoría de las veces, aquellas expediciones fotográficas estaban, directa o indirectamente, relacionadas con procesos coloniales de implicaciones políticas, militares y económicas. La misión fotográfica de Désiré Charnay a Madagascar en el año 1863 es un ejemplo de la conexión entre fotografía y expansión colonial, o la que da lugar a su álbum Ciudades y ruinas americanas (1863) “dedicado a Su Majestad el Emperador Napoleón III”. Esos informes fotográficos, al formar parte de exploraciones geográficas multidisciplinares auspiciadas por los respectivos gobiernos en el marco de sus propios procesos de colonización, ofrecían inevitablemente «posiciones alcanzadas en las relaciones de poder» [6]. Curiosamente, como señala también Saskia Sassen, en la Europa de finales del siglo XIX, las obras públicas fueron construidas en su mayor parte por trabajadores migrantes que recorrieron grandes distancias desde sus lugares de origen en busca de trabajo, trasladándose con sus familias de un lugar a otro. La excavación de túneles y la construcción de puentes requería una mano de obra intensiva y una enorme cantidad de tiempo, de manera que fue preciso crear campamentos temporales que avanzaban con la construcción y se desplazaban de obra en obra [7]. Aunque este mundo de trabajadores y comunidades migrantes apenas aparece en los archivos fotográficos de aquellos 'nuevos' paisajes del siglo XIX, los puentes, túneles, carreteras y vías férreas construidas por ellos podrían considerarse como los elementos inconexos, como puntuaciones, de otra geografía de la migración.

Sin embargo, en el apogeo de un mundo globalizado, el siglo XXI parece estar más preocupado por cerrar el espacio, aislar las comunidades y levantar vallas. Zygmunt Bauman lo llama el fin de la era del espacio, donde «nadie puede esconderse de los ataques, y ningún lugar está suficientemente lejos como para que los ataques no puedan planearse y aplicarse desde esa distancia» [8]. Bauman añade que ya no existe el muy lejos, ninguna tierra o territorio que pueda mantener una distancia respecto de la violencia, y que, sin esa distancia, cualquier lugar se convierte en un espacio de frontera [9]. Las estrategias militares antaño reservadas para el frente, hacen ahora un viaje de retorno hacia el centro. Michel Foucault lo denominó el efecto boomerang [10], una especie de colonización interna, donde estrategias y técnicas típicamente coloniales vuelven a aplicarse en la gestión y el diseño de las ciudades occidentales; un orientalismo del centro urbano [11] como puede verse hoy en Tel Aviv, pero también en Londres, París o Nueva York. El concepto de Oscar Newman de espacio defendible se ha convertido en una condición indispensable para el diseño y la arquitectura urbanos contemporáneos,  con la introducción de técnicas de seguridad en el diseño (secured by design) para impedir ataques hostiles contra edificios y espacios públicos. Tarjetas, insignias, contraseñas, fronteras electrónicas (e-borders), peajes por congestión y otras medidas de seguridad disuasorias definen un paisaje de protección y pertenencia transformado en otro de inseguridad, ansiedad y miedo. Es un paisaje de redes, desde luego, pero también de cápsulas, de espacios cerrados, escisiones y discontinuidades, un paisaje tan capaz de exclusión como de inclusión: flujos de capital y flujos de información, pero también flujo de cuerpos no deseados. Ceuta y Melilla son, quizá, arquetipos de la nueva ciudad amurallada del futuro, lo que Lieven de Cauter denomina la civilización capsular neomedieval, simultáneamente arcaica e hipermoderna: no vivimos en la red, escribe Lieven de Cauter, vivimos en cápsulas, cada vez más rodeados por vallas tecnológicas que, puesto que toman como modelo la verja carcelaria, doblan los efectos de exclusión y reclusión: «Las comunidades cerradas y los campos de detención para refugiados ilegales se reflejan entre sí. La contrafigura de la fortaleza es el campamento» [12].

Podríamos argumentar que las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla son para el paisaje europeo del siglo XXI lo que los puentes, túneles y vías férreas fueron para el paisaje de la segunda mitad del siglo XIX. Al igual que aquellas, también crean un ‘nuevo’ paisaje, pero esta vez es un paisaje de secesión, una arquitectura de exclusión, surgida de la pobreza y abiertamente racial, donde determinados cuerpos son marcados, estigmatizados, o eliminados. La finalidad de estos dos recorridos fotográficos por los paisajes definidos por las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla es dar testimonio de esos lugares, darles más visibilidad, y contextualizarlos histórica y políticamente. Las fotografías se tomaron a lo largo de toda la extensión de las vallas fronterizas, de mar a mar, en el lado español mirando hacia el Sur, hacia Marruecos, dentro de los límites autorizados desde donde se pueden tomar fotografías. Pensé que estos paisajes fronterizos tenían que ser fotografiados desde puntos de acceso público, sin mediación ni intimación con las instituciones que los regulan. En este sentido, las fotografías no muestran puntos de vista inhabituales ni visiones ocultas tomadas ‘desde dentro’, sino la presencia cotidiana con la que ambos lados están habituados a vivir. Son en su mayor parte vistas abiertas de un paisaje desordenado, moldeado por siglos de desacuerdos, de fronteras móviles, líneas defensivas reubicadas, comunidades divididas y tecnologías militares desiguales. En respuesta a su falta de visibilidad, estas fotografías pretenden ser declaraciones hacia una cartografía política de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla como el verdadero confín de Europa. Estas dos vallas fronterizas son, tal vez, las obras públicas contemporáneas que mejor pueden definir, como monumentos a la desigualdad, el paisaje europeo del siglo XXI.


© Xavier Ribas (2011)

Traducción: Antonio Fernández Lera

 

Notas:

[1] Said Saddiki (2010) ‘Ceuta and Melilla Fences: a EU Multidimensional Border?, documento presentado en la conferencia anual de la Canadian Political Science Association, 2010, Ottawa. Disponible en http://www.cpsa-acsp.ca/papers-2010/Saddiki.pdf
[2] Xavier Ferrer-Gallardo (2006) ‘Theorizing the Spanish-Moroccan Border Reconfiguration: Framing a Process of Geopolitical, Functional and Symbolic Rebordering’, documentos de trabajo del CIBR sobre estudios fronterizos.  CIBR/WP06-1. Disponible en http://www.qub.ac.uk/research-centres/CentreforInternationalBordersResearch
[3] http://www.politicalequator.org/
[4] Joseph Stiglitz (2002) Globalization and its Discontents. Penguin Books, Londres (El malestar en la globalización, trad. Carlos Rodríguez Braun, Taurus Ediciones, Madrid, 2003).
[5] Saskia Sassen (1999) Guests and Aliens. The New Press, Nueva York, 4.
[6] David Bate (2009) Photography. Berg, Oxford, 98.
[7] Saskia Sassen (1999), 41.
[8] Zygmunt Bauman (2002) Society Under Siege. Polity Press, Cambridge, 88 (La sociedad sitiada, FCE Buenos Aires, 2004).
[9] Ibídem, 90.
[10] Michel Foucault (2003) Society Must be Defended: Lectures at the Collège de France, 1975-76. Allen Lane, Londres, 103. Citado en Stephen Graham (2010) Cities Under Siege. The New Military Urbanism. Verso, Londres, XVII (Hay que defender la sociedad: curso del Collège de France (1975-1976), trad. Horacio Óscar Pons, Akal, Madrid, 2003).
[11] Howell, S. and Shryock, A. (2003) ‘Cracking down on diaspora: Arab Detroit and America’s “war on terror”’, Anthropological Quarterly 76(3), 443–62. Citado en Stephen Graham, (2010), XIX.
[12] Lieven de Cauter (2004) The Capsular Civilization. On the City in the Age of Fear. NAi Publishers, Rotterdam, 49.

 

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This work was produced for the project Tender Puentes, a series of photographic comissions by the Museo Universidad of Navarra.

 

 

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Melilla Borde Fence # 1 to 24

 


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Concrete Geographies [Ceuta and Melilla Border Fences]. Installation MACBA, 2014 [Photo: Marc Roig]

 

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José Martínez Sánchez, Paso de Cabriel, carretera de Madrid a Valencia por las Cabrillas (1867)
José Martínez Sánchez, Puente de El Grado, carretera de tercer orden de Barbastro a la frontera, provincia de Huesca (1867)
© Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra